Este escrito lo empezaré por el final con la siguiente reflexión: Hagas lo que hagas si te ven montado en una moto te calificarán de macarra. Esto es una realidad objetiva y una verdad como un templo.
La sociedad tiende a etiquetar a todos sus colectivos y a nosotros nos ha tocado el sambenito de macarras. No puedo decir que sea del todo injusta esta calificación porque hay elementos montados en las dos ruedas que se ganan a pulso la etiqueta, son fácilmente identificables por cualquiera pero más aún por el resto de los moteros. En el mundillo custom el individuo en cuestión puede pertenecer a cualquier estamento o clase social, estéticamente no le faltará ni un solo detalle: chupa de cuero, miles de parches y pins, pañuelo al cuello, pantalón de cuero o, en su defecto, la última moda en camuflaje, botas biker, cartera enorme en el bolsillo trasero acompañada de cadenita al cinto… en fin, todo aquello que la imaginación popular identifica como un recio y aguerrido motero. Nuestro héroe llegará a cualquier sitio haciendo notar su presencia mediante bramidos producidos por los tubos de escape última generación, entrará en los bares, áreas de servicio, restaurantes y/o locales varios distribuyendo una terrible mirada de bad boy en la que perdona la vida a cuantos ilusos mortales tienen la osadía de ocupar el lugar en cuestión, tomará cerveza aunque caigan chuzos de punta y, sin mirar a nadie aunque estén al completo las cheer lider’s de los Barcelona Dragon’s, se marchará con un masculino contoneo de cadera. Ni que decir tiene que nuestro terrible y duro amigo regresará a su casa con la satisfacción del deber cumplido y tras haber hecho por lo menos, por lo menos y sin exagerar 25 kilómetros en un día. Loable hazaña.
Cuando hablas con ellos, o mejor dicho, cuando los escuchas son los mas moteros del mundo mundial, los que mas viven la moto, aquellos cuyas experiencias vitales siempre han ocurrido montados en su flamante moto, los que mas acojonan, los que mas rulan por esas carreteras pero, eso si, solo los ves en la barra del bar. Si les preguntas si van a ir a esta o la otra concentración te pondrán cara de cordero degollado y te dirán lo mucho que sienten no poder asistir por tener enfermo al periquito. Si quieres saber el total de kilómetros que llevan hechos te sorprenderán con cifras astronómicas que no suelen pasar de tres dígitos, eso si, habrán sido los kilómetros mas importantes de sus vidas y en los que habrán adquirido toda la formación necesaria para ser lo dicho, los mas y mejores moteros del mundo mundial. Te marcharás de su lado siempre con la misma necesidad de huir por no ahogarte en tus propios vómitos.
El problema es que la gente solo ve a esta colección de impresentables y por ellos nos califican a todos, vivimos rodeados de arquetipos y de nada sirve razonar y/o explicar que hay diferencias abismales entre los que nos borramos la raya del culo a base de hacer kilómetros y los que solo desgastan los codos de sus chupas de cuero de tanto apoyarse y contar sus batallitas en la barra del bar, no entenderán que esa gentecilla tienen una moto parecida a las nuestras mientras que nosotros vivimos la moto, visten como nosotros e, incluso, se mueven en los mismos ambientes que nosotros pero que no son como nosotros. Que nosotros hemos decidido hacer del asfalto nuestro hogar y vivir de una manera determinada mientras ellos solo conocen las batallas que cuentan y que ni siquiera suelen ser suyas, eso si, cuando les oyes te acojonas. En fin, que no sirve de nada.
Y me pregunto ¿es tan importante? Realmente ¿necesito de la opinión de los demás para hacer lo que me venga en gana? ¿En que cambiará el hecho de que mañana dejásemos de ser macarras y nos convirtiéramos en moteros “políticamente correctos? Tampoco cambiaría nada. Seguiría habiendo gilipollas en ambos lados y yo seguiría esperando la menor oportunidad para subir en mi bestia y salir a la carretera a disfrutar como un bellaco, de modo que paso de todos y de todo, me importa un soberano bledo si me llaman o consideran macarra y voy a seguir viviendo de acuerdo a mis preceptos, mis sencillos preceptos: A vivir que son dos días y que se mueran los feos.
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