Burt Munro dijo: “He vivido mas en cinco minutos sobre mi moto que mucha gente en toda su vida”
Cinco minutos, cinco minutos en moto.
En cinco minutos he percibido mas sensaciones que cualquier otra persona y no estoy exagerando en absoluto. En cinco minutos he visto mas luz y mas color, he visto desfilar ante mis ojos paisajes que solo quien pilota una moto puede ver.
¿Y porque? -te preguntarás,
Lo que tu ves, lo que tu percibes también lo ve cualquier automovilista –afirmarás.
Pues no, no es igual.
En ese breve espacio de tiempo siento las mil y una imperfecciones de la carretera, debo tomar mas decisiones que cualquier otro conductor, mi cuerpo siente la presión del aire, mis manos aferran el manillar y dirigen en perfecto equilibrio la maquina que me transporta, debo calcular las distancias, lo giros y maniobras con mayor antelación, perfección y exactitud, siento todos los músculos de mi cuerpo en tensión por la circulación y esto (y no es todo) solo es el aspecto físico.
Mis pulmones dilatados por la presión del aire reciben un caudal de aire inaudito, mi pituitaria asimila la amalgama de olores que me rodean, el olor a campo, goma caliente, asfalto, gasolina, aceite… mi cuerpo entero siente la temperatura ambiente haciéndome vivir una realidad que no se puede apreciar en un vehículo y esto (y no es todo) es solo la parte exterior.
Mi ser, mi ser íntimo, se siente aéreo, soy parte del viento, me siento en armonía con cuanto me rodea y mi horizonte no tiene límite, mis ojos miran mas allá de la línea negra, me dan la amplitud real de mi situación y me convierten en parte del paisaje, soy uno con la carretera, y esto (que no es todo) es solo la parte emocional.
No puedo describir la sensación que tienes cuando se pone a prueba tu destreza, cuando un día de lluvia o nieve vez acercarse una curva cerrada y vas a mas velocidad de la aconsejable, la adrenalina fluye y tu cuerpo se enerva preparándote para lo peor… o lo mejor, vences la curva, has dominado la maquina y ésta te ha ayudado a salir con bien de la apurada situación, respiras aliviado mientras sientes tu corazón a las mismas revoluciones que tu moto, saliendo por tu boca, y esto (que no es todo) es solo la parte técnica.
Sentir la poderosa fuerza de la moto que montas, notar que formas parte indisoluble de ese conjunto de metal, oír no solo en tus oídos sino en tu alma el bramido del motor y entender su lenguaje, asentir a sus demandas y traducirlas en un golpe de puño, en un movimiento de cadera, en un toque preciso de freno, aceptar su invitación a continuar, a seguir viajando indefinidamente hasta mas allá del horizonte, a olvidar tiempo, espacio, mundo y entrar en el tuyo propio, en ese en el que vives solo tu y donde no hay mas ley que ser libre ni mas obligación que ser feliz… y esto tampoco es todo.
Nunca diré que quien viaja en un coche no tiene merito, tiene tanto como yo, pero lo que si sé es que encerrado en ese submundo de metal y vidrio, en ese cubículo de aire viciado no se puede apreciar la grandiosidad del espacio abierto. No, no me dan ninguna envidia aunque yo me pele de frío sobre mi moto y ellos lleven calefacción, aunque mi culo grite en cada bache y ellos estén cómodamente sentados en sillones de piel, ni porque ellos oigan música o noticias mientras yo escucho la canción del viento…
Y eso solo en cinco minutos
jueves, 26 de febrero de 2009
jueves, 19 de febrero de 2009
Macarras
Este escrito lo empezaré por el final con la siguiente reflexión: Hagas lo que hagas si te ven montado en una moto te calificarán de macarra. Esto es una realidad objetiva y una verdad como un templo.
La sociedad tiende a etiquetar a todos sus colectivos y a nosotros nos ha tocado el sambenito de macarras. No puedo decir que sea del todo injusta esta calificación porque hay elementos montados en las dos ruedas que se ganan a pulso la etiqueta, son fácilmente identificables por cualquiera pero más aún por el resto de los moteros. En el mundillo custom el individuo en cuestión puede pertenecer a cualquier estamento o clase social, estéticamente no le faltará ni un solo detalle: chupa de cuero, miles de parches y pins, pañuelo al cuello, pantalón de cuero o, en su defecto, la última moda en camuflaje, botas biker, cartera enorme en el bolsillo trasero acompañada de cadenita al cinto… en fin, todo aquello que la imaginación popular identifica como un recio y aguerrido motero. Nuestro héroe llegará a cualquier sitio haciendo notar su presencia mediante bramidos producidos por los tubos de escape última generación, entrará en los bares, áreas de servicio, restaurantes y/o locales varios distribuyendo una terrible mirada de bad boy en la que perdona la vida a cuantos ilusos mortales tienen la osadía de ocupar el lugar en cuestión, tomará cerveza aunque caigan chuzos de punta y, sin mirar a nadie aunque estén al completo las cheer lider’s de los Barcelona Dragon’s, se marchará con un masculino contoneo de cadera. Ni que decir tiene que nuestro terrible y duro amigo regresará a su casa con la satisfacción del deber cumplido y tras haber hecho por lo menos, por lo menos y sin exagerar 25 kilómetros en un día. Loable hazaña.
Cuando hablas con ellos, o mejor dicho, cuando los escuchas son los mas moteros del mundo mundial, los que mas viven la moto, aquellos cuyas experiencias vitales siempre han ocurrido montados en su flamante moto, los que mas acojonan, los que mas rulan por esas carreteras pero, eso si, solo los ves en la barra del bar. Si les preguntas si van a ir a esta o la otra concentración te pondrán cara de cordero degollado y te dirán lo mucho que sienten no poder asistir por tener enfermo al periquito. Si quieres saber el total de kilómetros que llevan hechos te sorprenderán con cifras astronómicas que no suelen pasar de tres dígitos, eso si, habrán sido los kilómetros mas importantes de sus vidas y en los que habrán adquirido toda la formación necesaria para ser lo dicho, los mas y mejores moteros del mundo mundial. Te marcharás de su lado siempre con la misma necesidad de huir por no ahogarte en tus propios vómitos.
El problema es que la gente solo ve a esta colección de impresentables y por ellos nos califican a todos, vivimos rodeados de arquetipos y de nada sirve razonar y/o explicar que hay diferencias abismales entre los que nos borramos la raya del culo a base de hacer kilómetros y los que solo desgastan los codos de sus chupas de cuero de tanto apoyarse y contar sus batallitas en la barra del bar, no entenderán que esa gentecilla tienen una moto parecida a las nuestras mientras que nosotros vivimos la moto, visten como nosotros e, incluso, se mueven en los mismos ambientes que nosotros pero que no son como nosotros. Que nosotros hemos decidido hacer del asfalto nuestro hogar y vivir de una manera determinada mientras ellos solo conocen las batallas que cuentan y que ni siquiera suelen ser suyas, eso si, cuando les oyes te acojonas. En fin, que no sirve de nada.
Y me pregunto ¿es tan importante? Realmente ¿necesito de la opinión de los demás para hacer lo que me venga en gana? ¿En que cambiará el hecho de que mañana dejásemos de ser macarras y nos convirtiéramos en moteros “políticamente correctos? Tampoco cambiaría nada. Seguiría habiendo gilipollas en ambos lados y yo seguiría esperando la menor oportunidad para subir en mi bestia y salir a la carretera a disfrutar como un bellaco, de modo que paso de todos y de todo, me importa un soberano bledo si me llaman o consideran macarra y voy a seguir viviendo de acuerdo a mis preceptos, mis sencillos preceptos: A vivir que son dos días y que se mueran los feos.
La sociedad tiende a etiquetar a todos sus colectivos y a nosotros nos ha tocado el sambenito de macarras. No puedo decir que sea del todo injusta esta calificación porque hay elementos montados en las dos ruedas que se ganan a pulso la etiqueta, son fácilmente identificables por cualquiera pero más aún por el resto de los moteros. En el mundillo custom el individuo en cuestión puede pertenecer a cualquier estamento o clase social, estéticamente no le faltará ni un solo detalle: chupa de cuero, miles de parches y pins, pañuelo al cuello, pantalón de cuero o, en su defecto, la última moda en camuflaje, botas biker, cartera enorme en el bolsillo trasero acompañada de cadenita al cinto… en fin, todo aquello que la imaginación popular identifica como un recio y aguerrido motero. Nuestro héroe llegará a cualquier sitio haciendo notar su presencia mediante bramidos producidos por los tubos de escape última generación, entrará en los bares, áreas de servicio, restaurantes y/o locales varios distribuyendo una terrible mirada de bad boy en la que perdona la vida a cuantos ilusos mortales tienen la osadía de ocupar el lugar en cuestión, tomará cerveza aunque caigan chuzos de punta y, sin mirar a nadie aunque estén al completo las cheer lider’s de los Barcelona Dragon’s, se marchará con un masculino contoneo de cadera. Ni que decir tiene que nuestro terrible y duro amigo regresará a su casa con la satisfacción del deber cumplido y tras haber hecho por lo menos, por lo menos y sin exagerar 25 kilómetros en un día. Loable hazaña.
Cuando hablas con ellos, o mejor dicho, cuando los escuchas son los mas moteros del mundo mundial, los que mas viven la moto, aquellos cuyas experiencias vitales siempre han ocurrido montados en su flamante moto, los que mas acojonan, los que mas rulan por esas carreteras pero, eso si, solo los ves en la barra del bar. Si les preguntas si van a ir a esta o la otra concentración te pondrán cara de cordero degollado y te dirán lo mucho que sienten no poder asistir por tener enfermo al periquito. Si quieres saber el total de kilómetros que llevan hechos te sorprenderán con cifras astronómicas que no suelen pasar de tres dígitos, eso si, habrán sido los kilómetros mas importantes de sus vidas y en los que habrán adquirido toda la formación necesaria para ser lo dicho, los mas y mejores moteros del mundo mundial. Te marcharás de su lado siempre con la misma necesidad de huir por no ahogarte en tus propios vómitos.
El problema es que la gente solo ve a esta colección de impresentables y por ellos nos califican a todos, vivimos rodeados de arquetipos y de nada sirve razonar y/o explicar que hay diferencias abismales entre los que nos borramos la raya del culo a base de hacer kilómetros y los que solo desgastan los codos de sus chupas de cuero de tanto apoyarse y contar sus batallitas en la barra del bar, no entenderán que esa gentecilla tienen una moto parecida a las nuestras mientras que nosotros vivimos la moto, visten como nosotros e, incluso, se mueven en los mismos ambientes que nosotros pero que no son como nosotros. Que nosotros hemos decidido hacer del asfalto nuestro hogar y vivir de una manera determinada mientras ellos solo conocen las batallas que cuentan y que ni siquiera suelen ser suyas, eso si, cuando les oyes te acojonas. En fin, que no sirve de nada.
Y me pregunto ¿es tan importante? Realmente ¿necesito de la opinión de los demás para hacer lo que me venga en gana? ¿En que cambiará el hecho de que mañana dejásemos de ser macarras y nos convirtiéramos en moteros “políticamente correctos? Tampoco cambiaría nada. Seguiría habiendo gilipollas en ambos lados y yo seguiría esperando la menor oportunidad para subir en mi bestia y salir a la carretera a disfrutar como un bellaco, de modo que paso de todos y de todo, me importa un soberano bledo si me llaman o consideran macarra y voy a seguir viviendo de acuerdo a mis preceptos, mis sencillos preceptos: A vivir que son dos días y que se mueran los feos.
Tu, mi amiga
Despunta el alba, las calles vacías, el aire fresco y el rumor de la ciudad en sordina cuando encamino mis pasos al rincón donde duermes apaciblemente esperando mi llegada. Nos espera el asfalto.
Como siempre al verte se dibuja una sonrisa en mi cara, es la satisfacción de saberte mía, intrínseca e íntimamente mía.
Me acerco a ti y reviso tu estado, se que estás bien atendida y cuidada y que lo poco que me pides lo tienes pues no es nada comparado con lo que me das.
Casi con lujuria te acaricio con la gamuza haciéndote relucir, tus negros muy negros, tus cromados rabiosamente brillantes. Fuera el cepo que te aprisiona, contacto y al momento tu voz potente y libre resuena en el recinto comenzando tu canción. Subo a tu grupa, te enderezo y quito tu pata, ya estás en posición, me acomodo, aprieto el embrague, primera, despacio por la traicionera rampa hasta alcanzar la calle, breve maniobra y comenzamos a rodar.
Elegante, insolente, indolente, provocativa, poderosa, feroz, fiel y mía, eres mía. Te miran, te admiran y no puedo reprimir esa sensación de vanidad al saberte contemplada. Comenzamos nuestro viaje solos tu y yo. En nuestros diálogos solo se oye tu voz ronca y potente, yo te contesto desde mi mente y mi corazón. Habrá quien no lo entienda, quien lo considere una estupidez, quien me considere un loco por hablarte, un iluso por quererte, un absurdo por comprenderte, ellos, los que no te sienten, no podrán compartir jamás nuestra relación, ¿Cómo se puede explicar a quien observa la vida tras un muro de metal y vidrio, respirando aire enrarecido, que eres parte del viento?
Me has enseñado a vivir de otra forma, a olvidar el tiempo, a ser de otra manera, por ti y contigo he aprendido a compartir con otros locos nuestros momentos, a apreciar la soledad y a valorar la compañía, he cambiado mi escala de valores y aquello que antes me era imprescindible ahora lo rechazo por atarme, orgulloso de ti levanto mi cabeza y lanzo mi desafío a los encarcelados, yo soy libre, me haces sentir libre, soy diferente y me ayudas a serlo, formo parte de una cofradía selecta, criticada en público y envidiada en la intimidad.
Cuando navegamos solos me haces sentir caballero andante, dispuesto a cualquier aventura, aceptando cualquier desafío pues se que cuento con tu nobleza. Si vamos con nuestros hermanos soy manada y digo manada que no rebaño, ellos, los enlatados, ellos son el rebaño, rebaño de ovejas encarriladas lamiendo el trasero de la que va delante, nosotros somos como esa manada de elefantes que hacen temblar el suelo a su paso, imponentes, orgullosos, indomables, seguros de si mismos, sabiendo que con su sola presencia acallan a quienes no se atreven a sentirse libres.
Libre, libres, libertad… palabras que antes me sonaban huecas y que has sabido llenar de sentido haciéndolas mías. Contigo he recorrido páramos y riberas, montes y campos, he bordeado los mares y cruzado ríos. Me has llevado a través del frío, de la lluvia, de la noche y el día, contigo he contemplado la luna y he visto el sol.
Tu
Mi amiga
Mi moto
Como siempre al verte se dibuja una sonrisa en mi cara, es la satisfacción de saberte mía, intrínseca e íntimamente mía.
Me acerco a ti y reviso tu estado, se que estás bien atendida y cuidada y que lo poco que me pides lo tienes pues no es nada comparado con lo que me das.
Casi con lujuria te acaricio con la gamuza haciéndote relucir, tus negros muy negros, tus cromados rabiosamente brillantes. Fuera el cepo que te aprisiona, contacto y al momento tu voz potente y libre resuena en el recinto comenzando tu canción. Subo a tu grupa, te enderezo y quito tu pata, ya estás en posición, me acomodo, aprieto el embrague, primera, despacio por la traicionera rampa hasta alcanzar la calle, breve maniobra y comenzamos a rodar.
Elegante, insolente, indolente, provocativa, poderosa, feroz, fiel y mía, eres mía. Te miran, te admiran y no puedo reprimir esa sensación de vanidad al saberte contemplada. Comenzamos nuestro viaje solos tu y yo. En nuestros diálogos solo se oye tu voz ronca y potente, yo te contesto desde mi mente y mi corazón. Habrá quien no lo entienda, quien lo considere una estupidez, quien me considere un loco por hablarte, un iluso por quererte, un absurdo por comprenderte, ellos, los que no te sienten, no podrán compartir jamás nuestra relación, ¿Cómo se puede explicar a quien observa la vida tras un muro de metal y vidrio, respirando aire enrarecido, que eres parte del viento?
Me has enseñado a vivir de otra forma, a olvidar el tiempo, a ser de otra manera, por ti y contigo he aprendido a compartir con otros locos nuestros momentos, a apreciar la soledad y a valorar la compañía, he cambiado mi escala de valores y aquello que antes me era imprescindible ahora lo rechazo por atarme, orgulloso de ti levanto mi cabeza y lanzo mi desafío a los encarcelados, yo soy libre, me haces sentir libre, soy diferente y me ayudas a serlo, formo parte de una cofradía selecta, criticada en público y envidiada en la intimidad.
Cuando navegamos solos me haces sentir caballero andante, dispuesto a cualquier aventura, aceptando cualquier desafío pues se que cuento con tu nobleza. Si vamos con nuestros hermanos soy manada y digo manada que no rebaño, ellos, los enlatados, ellos son el rebaño, rebaño de ovejas encarriladas lamiendo el trasero de la que va delante, nosotros somos como esa manada de elefantes que hacen temblar el suelo a su paso, imponentes, orgullosos, indomables, seguros de si mismos, sabiendo que con su sola presencia acallan a quienes no se atreven a sentirse libres.
Libre, libres, libertad… palabras que antes me sonaban huecas y que has sabido llenar de sentido haciéndolas mías. Contigo he recorrido páramos y riberas, montes y campos, he bordeado los mares y cruzado ríos. Me has llevado a través del frío, de la lluvia, de la noche y el día, contigo he contemplado la luna y he visto el sol.
Tu
Mi amiga
Mi moto
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